14 setembro 2007
Queridos amigos,
Em nome da nossa familia quero agradecer a vossa presença hoje e as vossas oraçoes. É costume na America Latina, que nos funerais a familia se despede com algumas palavras ao seu ser querido. E se me dao licença, é o que desejo fazer hoje.
Quando lemos nos escritos bahá’ís sobre a morte encontramos muitas referencias que nos transmitem ideias como alegria e jubilo. Bahá’u’lláh diz “Fiz da morte uma mensajeira de jubilo”, referencias a alegría, felicidade sem igual…nada do que a nossa sociedade está habituada a referirse ao tema. Mas, pensando na minha avó, creio que isso é totalmente verdade, a sua realidade neste momento é de alegría.
Imagino-a agora abrazada á minha mae e a ser recebida por toda a sua familia.
Bahá’úlláh descreve a chegada ao outro mundo como um acontecimento importante onde os mensajeiros de Deus, os profetas do pasado, as donselas do paraíso saem a receber esta nova alma e pedem para que lhes conte o que se pasou na sua vida.
E sabemos que a Ermelinda – adora – contar historias, e com esta nova realidade, com os seus poderes e capacidades livres deste mundo material, creio que vai delicia-los (como nos fazia a todos nós) com as suas aventuras, as suas viajens, as suas experiencias, os seus sufrimentos.
Creio que vai contar sobre os seus melhores anos: a experiencia de ser mae, encontrar o seu grande amor e vive-lo, conhecer e reconhecer a Bahá’úlláh, ir a Africa. Esses anos que todos a recordam com bom humor, ataques de riso, e sempre, sempre um sorriso na sua cara.
Creio que teve tres grandes relaçoes nesta vida: com a minha mae, com o Mesquita e com o André. Cada um lhe encheu de alegria e felicidade e a amou verdadeiramente e incondicionalmente, esse amor está com ela.
Nao deve ser facil perder um filho, e ela perdeu um, a minha mae, e com isso perdeu o sorriso e a alegria de viver. Nunca pensamos, nem sabiamos que o Alzeihmer existia e quais eram os seus primeiros sintomas, agora teriamos todos actuado diferente. Mas acho que com tanto sufrimento só tornou o seu espirito ainda mais forte.
Avó, os teus ultimos momentos nao foram bons do ponto de vista material, mas acho que foram uma preparaçao espiritual, um crescimento, um empoderamento do teu espirito. De activa passas-te a passiva, de contadora de historia e conversadora viram-te contemplativa. Acho que nesses ultimos momentos o teu espirito cresceu, desenveu-se, preparou-se.
Eu aprendi muito contigo, especialmente agora, á distancia e com prespectiva. Teus, fico com o “mau feitio”, o “mesagran” nos veroes torridos da minha infancia, os lanches de pao com queijo e banana, chegar a casa e ser esperada com um beijo repenicado, o serviço a Fe e aos amigos, receber muita gente e cuidar e servir dos convidados.
E agora estás mais perto que nunca de mim, e agradeco-te pelos sonhos onde me vens visitar, e os conselhos que me sopras ao ouvido, ou as dicas culinarias que me inspiras. Sei que de donde estas me protejes e ás minhas filhas.
Sei que estás aqui ao pé de mim enquanto escrevo estas linhas e que tens o teu bonito sorriso na tua cara, e sei que estás acompanhada dos teus irmaos, da tua queria Aurora, e sinto a tua felicidade porque sei que já encontras-te a tua mae e a minha.
É verdade que tenho saudades das tuas comidas so seu sabor, das tuas historias, das nossas paseatas. Quero agradecer-te os veroes interminaveis, as comidas deliciosas, a casa sempre aberta para nos receber. Obrigada por todas as opçoes que fizeste na vida que impactaram a minha directamente.
Sei que estás bem, feliz, no uso pleno dos teus poderes e capacidades. Sei que nos vamos ver qualquer dia e que me esperarás como sempre, com um festim, com todo o reboliço de receberes gente, com muitos preparativos e coisas deliciosas para comer.
Vamos lembrarnos da Ermelinda pelos sabores da sua comida, pela sua mesa sempre com lugar para todos, da sua alegría e disponibilidade incondicional para servir aos seus amigos, aos visitantes, a todos que se cruzavam na sua vida.
Muito obrigada,
Vanda
lunes, 12 de noviembre de 2007
Texto de Expresión Escrita
Un día en cuatro patas
Hoy en la mañana me levanté y me di cuenta que me había convertido en perrita. Al intentar apagar el despertador con mi nueva pata no alcancé y, con el susto de ver una pata donde debería estar mi mano, me caí de la cama. Aullé y desperté a mi marido muy confundido, ¿Quién era este perro? ¿y donde estaba yo?
Entre ladrar y saltarle en cima, logré que mirara la hora y entendiera que había que despertar a las niñas. Aún admirado con esta perrita que le traía la ropa, los zapatos y el peine, ayudándole a vestir mis soñolientas princesas. “¿Dónde está Mamá?” Preguntaban a un Papá que no tenía respuestas.” ¡Que linda perrita! ¿La podemos llevar al colegio? Todos los niños han llevado su mascota ¿podemos, podemos? “Ahí me di cuenta que yo también saltaba pidiendo ir con ellas.
Me pusieron un collar improvisado, me recomendaron y avisaron “¡Compórtate bien!” y entré en el furgón con mis hijas. A mitad del camino ya estaba cambiando de ideas, me apretaban en sus brazos, discutían una con la otra a quien le tocaba llevarme y la niña del lado me tiraba de las orejas…pero, ¡me pude comer una galleta de chocolate que encontré debajo del asiento!
Llegamos. Que distinto no darle las manos e ir de la correa…desviarme de los zapatos de todos los niños y ver el piso mucho más cerca de mi cara… ¿o debería decir hocico?
Tiago había llamado avisando de la nueva mascota y las maestras ya se habían puesto de acuerdo, mitad del día en cada sala.
Me sentaron en el rincón de muñecas en la sala de Layli. Los preescolares me besaban, me intentaban vestir de muñeca, me peinaron…conseguí escapar pero unas manos grandes amablemente me socorrieron y me colocaron en la jaula de las mascotas. Uff, que alivio, mis ojos se cerraron y dormí un poco.
Al despertar pude ver a Layli jugando con masa, ayudando a sus compañeros a dibujar y repartiendo la colación. Me alegré ver que decía “por favor” y “gracias” a los demás. Y me espanté de lo bien que usaba el computador de su sala. Y en esa contemplación estaba yo cuando de repente suena la campana, me sacan de la jaula y todos empiezan a gritarme queriendo jugar conmigo.
Trato de escaparme, busco la profesora, salimos al patio…todos los niños están ahí. Parece pesadilla: me tocan, me tratan de tomar en brazos, “socorro” grito y sale un “auff, auff” de mi.
Veo a Maryam, corro perseguida por todos los pequeños, salto a sus brazos, “socorro” le digo con los ojos.
Maryam me abraza y dice a Layli que ahora le toca tenerme en su clase. Me lleva en brazos del patio, suspiro profundo. Me da una galleta y entramos a su sala. Me coloca en el espacio de las mascotas y me duermo profundo para despertar al sonido de la voz de Maryam deletreando las palabras de un cuento: “Hoy desperté y me di cuenta que me había convertido en perrita…”“Mamá, mamá mira ya sé leer, ¿te leo de nuevo el cuento? Mamá, mamá, “ya po” despierta, ¿escuchaste el cuento?
Vanda Vieira – Septiembre 2007
Hoy en la mañana me levanté y me di cuenta que me había convertido en perrita. Al intentar apagar el despertador con mi nueva pata no alcancé y, con el susto de ver una pata donde debería estar mi mano, me caí de la cama. Aullé y desperté a mi marido muy confundido, ¿Quién era este perro? ¿y donde estaba yo?
Entre ladrar y saltarle en cima, logré que mirara la hora y entendiera que había que despertar a las niñas. Aún admirado con esta perrita que le traía la ropa, los zapatos y el peine, ayudándole a vestir mis soñolientas princesas. “¿Dónde está Mamá?” Preguntaban a un Papá que no tenía respuestas.” ¡Que linda perrita! ¿La podemos llevar al colegio? Todos los niños han llevado su mascota ¿podemos, podemos? “Ahí me di cuenta que yo también saltaba pidiendo ir con ellas.
Me pusieron un collar improvisado, me recomendaron y avisaron “¡Compórtate bien!” y entré en el furgón con mis hijas. A mitad del camino ya estaba cambiando de ideas, me apretaban en sus brazos, discutían una con la otra a quien le tocaba llevarme y la niña del lado me tiraba de las orejas…pero, ¡me pude comer una galleta de chocolate que encontré debajo del asiento!
Llegamos. Que distinto no darle las manos e ir de la correa…desviarme de los zapatos de todos los niños y ver el piso mucho más cerca de mi cara… ¿o debería decir hocico?
Tiago había llamado avisando de la nueva mascota y las maestras ya se habían puesto de acuerdo, mitad del día en cada sala.
Me sentaron en el rincón de muñecas en la sala de Layli. Los preescolares me besaban, me intentaban vestir de muñeca, me peinaron…conseguí escapar pero unas manos grandes amablemente me socorrieron y me colocaron en la jaula de las mascotas. Uff, que alivio, mis ojos se cerraron y dormí un poco.
Al despertar pude ver a Layli jugando con masa, ayudando a sus compañeros a dibujar y repartiendo la colación. Me alegré ver que decía “por favor” y “gracias” a los demás. Y me espanté de lo bien que usaba el computador de su sala. Y en esa contemplación estaba yo cuando de repente suena la campana, me sacan de la jaula y todos empiezan a gritarme queriendo jugar conmigo.
Trato de escaparme, busco la profesora, salimos al patio…todos los niños están ahí. Parece pesadilla: me tocan, me tratan de tomar en brazos, “socorro” grito y sale un “auff, auff” de mi.
Veo a Maryam, corro perseguida por todos los pequeños, salto a sus brazos, “socorro” le digo con los ojos.
Maryam me abraza y dice a Layli que ahora le toca tenerme en su clase. Me lleva en brazos del patio, suspiro profundo. Me da una galleta y entramos a su sala. Me coloca en el espacio de las mascotas y me duermo profundo para despertar al sonido de la voz de Maryam deletreando las palabras de un cuento: “Hoy desperté y me di cuenta que me había convertido en perrita…”“Mamá, mamá mira ya sé leer, ¿te leo de nuevo el cuento? Mamá, mamá, “ya po” despierta, ¿escuchaste el cuento?
Vanda Vieira – Septiembre 2007
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